No le temas al fracaso

Por: Robert Kiyosaki

Un mal resultado puede ponerte en la dirección correcta. Aprende de tus errores y potencia tu visión emprendedora.

Una de las razones por las que muchos no se convierten en emprendedores es porque le temen al fracaso. Le tienen pánico a cometer errores o a perder dinero. Entonces, si alguien no puede sobreponerse a estos temores psicológicos, es mejor que conserve su empleo fijo.

A principios de la década de los 80, cuando fracasó mi primer negocio importante, pensé que era la persona más estúpida del mundo. La bancarrota absoluta y las llamadas de mis acreedores me hicieron desear nunca haberme convertido en emprendedor. Hasta quería volver a mi antiguo empleo.

Pero, en lugar de condenarme por mi fracaso, mi padre rico me dio una de las lecciones más importantes en la vida: “Eres afortunado por haber fracasado. Ahora tienes la oportunidad de aprender cómo convertir la mala suerte en buena suerte. Si lo puedes hacer, tendrás una vida con más y mejor fortuna.”

A continuación presento tres puntos clave para convertir la mala suerte en buena suerte:

1 No culpes a nadie por tus errores. Cuando mi padre rico me preguntó qué salió mal, lo primero que hice fue culpar a mis socios y a la economía. De inmediato, me dijo: “Nunca culpes a otros por tus fallas”. “Pero fue su culpa”, contesté.

Sacudiendo la cabeza, mi padre rico me dijo: “Si responsabilizas a otros, nunca aprenderás de tus errores. Si culpas a otros, les regalas tu poder”. Recuerda: no hay víctimas; sólo voluntarios. Y tú te ofreciste de voluntario para convertirte en emprendedor.

2 Conoce a nuevos socios. Mi padre rico dijo: “En toda mala transacción siempre conozco a buenas personas. Algunos se convirtieron en nuevos socios”. Todavía odiaba a dos de mis socios y fue difícil entender este principio. Aún así, acepté el consejo de mi padre rico y comencé a buscar entre los escombros algo que pudiera salvar.

De hecho, a uno de mis mejores amigos lo conocí a raíz del fiasco de una inversión. Y entre las ruinas de otros descalabros encontré a mi socio actual en el negocio de bienes raíces y a mi socio en el negocio de franquicias. Si no fuera por los fracasos, nunca hubiera conocido a otros emprendedores como yo y no me hubiera embarcado en la aventura de ganar millones de dólares con ellos.

3 Estudia tus errores. “Los errores no tienen precio”, me dijo mi padre rico. “Estúdialos, aprende y saca provecho de ellos”.

Una vez más, esta lección fue difícil de escuchar. Estaba enojado, en quiebra y quería huir de mis errores. En vez de eso, regresé a mi fábrica, estudié mis errores y logré que renaciera mi negocio.

Esta es la forma en que se convierte la mala suerte en buena suerte. Cometer errores y hacerse más sabio es el trabajo de un emprendedor; no cometer errores es el trabajo de un empleado.

No hay más que decir.

Saludos cordiales

Omaralo

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